jueves 19 de febrero de 2009

La oreja de Jenkins.



En alguna página de Internet he visto que tal día como hoy, 19 de Febrero, nació Felipe V, Rey de España. Parece ser que el dato no es correcto, ya que vino al mundo el 19 de Diciembre de 1683. Pero, en cualquier caso, ese error me sirve de excusa para hablar del proteccionismo, o sea, el conjunto de medidas económicas tendentes a limitar la importación y el consumo de productos extranjeros y fomentar los nacionales, ideas estas de las que Felipe V fue entusiasta y cuya aplicación procuró durante todo su reinado.

Durante su estancia en el trono, tuvo lugar la denominada guerra de la Oreja de Jenkins, conflicto bélico entre España y Gran Bretaña originado, al parecer, porque un pirata inglés – Robert Jenkins- fue apresado por el capitán español Julio Fandiño, quien le cortó una oreja:

- Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve.

Nuestro Ministro de Industria, Turismo y Comercio, no se dedica a cortar orejas, pero hace unas semanas Miguel Sebastián animó a los españoles a viajar dentro de España antes que hacerlo por otro país. Este tipo de recomendaciones –que tienen cierto tufillo proteccionista- son en cierto modo lógicas en épocas de crisis: si viajamos a los alpes franceses en vez de a Sierra Nevada, resultará que el gasto efectuado en Francia generará allí empleo y riqueza, en vez de hacerlo en suelo patrio.

La cosa no es nueva, y gobiernos de todos los países y de todas las épocas han aconsejado cosas parecidas o adoptado medidas más contundentes para evitar la salida de sus nacionales y del dinero que lleven en sus bolsillos. Así, en la Francia de De Gaulle, se limitó la cantidad de francos que un francés podía sacar por la frontera, con lo que se limitó el turismo emisor. En Gran Bretaña sucedía tres cuartos de lo mismo, ya que la cantidad máxima que se podía sacar por persona (1967) era de 250 libras (foreign currency allowance). En época de Manuel Fraga, el slogan “Conozca usted España”, tuvo un éxito espectacular e incluso creo recordar que dio pie a una miniserie en TVE.

En cuanto a las recomendaciones del Ministro son, como digo, entendibles en la época de crisis económica en la que vivimos, pero convendría hacer alguna puntualización.

La primera es que los españoles viajamos poco al extranjero. En 2008, realizamos unos 11 millones de viajes. Parece mucho, pero si lo comparamos con lo que hacen nuestros vecinos, se queda en una cifra ridícula: Alemania gasta al año más de 73.000 millones de euros sólo en turismo internacional; Gran Bretaña 63.000; Francia 31.000; Italia 23.000… España ocupa el decimosexto lugar en cuanto a gasto con unos 16.000 millones de €. En cambio, el turismo interno español es mucho más numeroso: el año pasado realizamos unos 200 millones de viajes dentro de nuestro país.

¿Porqué ocurre esto? Si nuestra renta per cápita y los principales indicadores económicos españoles son comparables a Italia o Francia y no están ya tan lejos de Alemania o Gran Bretaña, parecería más lógico que los españoles viajásemos al exterior tanto como ellos; y sin embargo lo hacemos en una proporción mucho menor.

Hay razones de todo tipo: culturales, económicas, históricas, climáticas, etc. Para resumir: España es un país grande, con una enorme abundancia de recursos turísticos que no ha tenido una gran tradición viajera desde los años 60 (época del boom turístico mundial), debido a nuestra menor renta. Y por si fuera poco, nuestro clima es estupendo para animar a los guiris a tostarse al sol. Así que hemos preferido León a Lyon y el Mar Menor al Mar Muerto.

La otra puntualización es que esas recomendaciones del Ministro no se pueden exportar, ya que si todos los países de nuestro entorno hicieran igual, nuestro turismo receptor desaparecería. Item más: no parece que en la Unión Europea, patrona del libre comercio y del libre tránsito entre sus estados miembros, sean muy aconsejables este tipo de recomendaciones. Y siendo quisquillosos, ¿qué estarán pensando las agencias de viajes emisoras de nuestro país?. ¿Y las compañías aéreas? Seguramente no estarán bendiciendo el nombre del Ministro.

La guerra de la Oreja de Jenkins fue un fracaso para Gran Bretaña, en especial por la grave derrota sufrida en Cartagena de Indias, pero una sus consecuencias fue que España permitió a los ingleses el “derecho de asiento”, es decir, la posibilidad de vender esclavos negros en la América española. Como se ve, incluso con este innoble comercio, el proteccionismo estuvo limitado hasta en la época del Felipe V.

¡Qué cosas!

domingo 15 de febrero de 2009

Un fantasma en la terminal.




Doña Cirila Guáyez asegura que perdió a una amiga suya en el Aeropuerto JFK hace ahora exactamente once años. Yo creo que es una exageración (y probablemente un embuste más de mi alocada amiga), pero insiste en que desde entonces no la ha vuelto a ver y está firmemente convencida de que aún sigue en algún lugar de aquel aeropuerto estadounidense, como si fuera un espectro enclaustrado entre fingers, salas de embarque y duty free shops.

Es justo señalar que precisamente ese aeropuerto, el John F. Kennedy de Nueva York, es uno de los más congestionados del mundo, así que no es de extrañar algún extravío. En efecto, la oficina de estadística del Departamento de Transportes norteamericano (BTS) señala que los retrasos medios de este gigantesco aeropuerto superan ampliamente la media. Y si echamos un vistazo al estado de los aeropuertos en cualquier momento (en tiempo real), comprobaremos que no es raro encontrar 15 o 20 de ellos con retrasos superiores a los quince minutos.

En Europa la cosas tampoco pintan nada bien: según Eurocontrol, el 16% de todos los retrasos se debe precisamente a cuestiones relativas a los aeropuertos, siendo el de Larnaca (Chipre) el más perezoso, con retrasos medios superiores a veinte minutos. Barajas, está en un indigno noveno puesto entre los aeropuertos europeos en materia de puntualidad, con 15’6 minutos de retraso medio. Claro que siempre nos queda el infeliz consuelo de que Gatwick y Heathrow están aún peor.

Es obvio que manejar gigantes como los expuestos no es nada fácil. Las averías en los sistemas informáticos, las huelgas, el estado de las pistas, la gestión de los slots y un larguísimo etcétera, provocan el caos. Pero también hay que tener en cuenta que los aeropuertos soportan un tráfico enorme para el que no estaban diseñados. En 2008 Barajas movió a 52 millones de pasajeros. El propio JFK, 47; y los londinenses Gatwick y Heathrow 35 y 68, respectivamente. Una buena página con estadísticas aeroportuarias y abundante información es la de Airports Council International.

¿Y qué pasa con las compañías? ¿Cuáles son las más morosas?. Las aerolíneas son las responsables de más de la mitad de todos los retrasos (55%). Según otro informe de la Asociación de Aerolíneas Europeas, entre Abril y Octubre de 2008, las más puntuales fueron SAS, KLM y Finnair en las distancias cortas y medias, y Austrian, Swiss y SAS en larga distancia. Iberia ocupa los lugares noveno y undécimo en una y otra distancia. No os lo vais a creer pero las últimas en puntualidad son British Airways y Spanair. Un buen artículo sobre esto en el número 65 de la Revista Savia.

Las compañías retrasan sus vuelos por una enorme cantidad de causas: la enfermedad de un miembro de la tripulación, una avería, huelgas y un sinfín de cosas más, pero al final el pagano es obviamente el sufrido pasajero. No obstante, conviene recordar que los consumidores tienen en estos casos los derechos que fija el Reglamento (CE) n° 261/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de febrero de 2004, por el que se establecen normas comunes sobre compensación y asistencia a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque y de cancelación o gran retraso de los vuelos

El Reglamento establece una serie de obligaciones para con el pasajero:
* grandes retrasos (dos horas o más, en función de la distancia del vuelo): se ofrecerá gratuitamente a los pasajeros, en todos los casos, comida y refrescos, así como dos llamadas telefónicas, télex, mensajes de fax o correos electrónicos;
* hora de partida prevista para el día siguiente: se ofrecerá adicionalmente a los pasajeros alojamiento en un hotel y el transporte de ida y vuelta entre el aeropuerto y el lugar de alojamiento;
*retraso de cinco horas como mínimo: los pasajeros pueden elegir entre el reembolso del precio íntegro del billete junto con, cuando proceda, un vuelo de vuelta al primer punto de partida.


Otra cosa bien diferente es que la compañía admita su culpa y no se la eche al aeropuerto, al personal de tierra o al empedrado.


Total, que entre unas cosas y otras, no me extrañaría que la amiga de Doña Cirila estuviera aún en aquel aeropuerto esperando que, quizá algún día, tenga la suerte de poder volar.

lunes 18 de agosto de 2008

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.



Hoy toca hablar de Panamá: ese pequeño estado (75.000 Km. cuadrados) que tiene en sus manos el grifo de dos océanos. Dispone de buenas páginas de turismo: http://www.ipat.gob.pa/ y también esta otra http://www.visitapanama.com/default.asp.

No es un país muy visitado (1.215.000 turistas extranjeros en 2006, la mayor parte estadounidenses y colombianos), que dejaron en el país 1.445 millones de dólares, o sea, un gasto por cabeza de 1.190 dólares, lo que se explica por el abundante turismo de negocios

Además del propio Canal que es en sí un gran recurso turístico, Panamá dispone de abundantes playas y de una estupenda red de parques nacionales (Coiba, Volcán Baru, Isla Iguana) y lugares de interés (playa Barqueta, Cayo Tortuga); en fin: todo un mundo de sorpresas.

Volviendo al título de este blog, una de las cosas más sorprendentes es conocer quién es el Ministro de Turismo panameño. Sí, lo habéis adivinado: nada menos que Rubén Blades, que es al mismo tiempo cantautor, compositor, abogado, músico y político y el creador del inolvidable Pedro Navaja.

Me pregunto qué meritos tendrá Don Rubén para haber sido nombrado Ministro. Francamente lo ignoro. Es posible y aún probable que sean muchos, como muchos son los casos de ministros de esto que no saben una palabra de la cuestión. Claro que, meditando sobre el tema, he llegado a la conclusión razonable de que todo el mundo sabe de turismo y, por tanto, todo el mundo tiene currículo para ser ministro de la cosa. A fin de cuentas, se trata sólo de contar visitantes, hacer un poco de publicidad y dejar lo demás a la iniciativa privada.

Lamentablemente, mi razonamiento es falso: no todos saben de turismo y los que sabemos un poco de esto, sólo sabemos que no sabemos nada. Quizá para ser ministro no sea necesario saber mucho, ni siquiera para ser un buen ministro, sino tan sólo dominar el arte de la política y estar en el lugar adecuado en el momento justo.

De todos modos, merece la pena visitar Panamá, no sólo para contemplar el fantástico canal sino todos los demás hermosos recursos con que cuenta, incluyendo al propio ministro, Rubén Blades, único caso –que yo conozca- de un Ministro de turismo que es al mismo tiempo un recurso de esta índole:

...Cuando lo manda el destino, no lo cambia ni el más bravo, si naciste pa´ martillo, del cielo te caen los clavos....

En fin, suerte a Don Rubén. Ojalá sea tan buen político como músico. No sé: la vida te da sorpresas.

lunes 28 de julio de 2008

¿Crisis? ¿Qué crisis?



O como diría Supertramp, Crisis? What Crisis? (1975).

No sé si os habéis fijado pero no se nota menor afluencia de turistas en las costas ni en el interior.

Es curioso que ahora que por fin el gobierno reconoce la existencia de la crisis, ésta no parece haber llegado al sector turístico. O al menos no ha llegado de la forma tan rápida que se preveía.
Acabo de consultar los datos del IET sobre el primer trimestre de 2008 y es sorprendente comprobar que el mercado de los viajes se ha comportado de una manera mucho mejor que la mayoría de los sectores económicos.

Según este organismo, España ha recibido un 2’6% más de visitantes extranjeros que el año anterior: excepto Abril y Junio con ligerísimos descensos, los demás meses se han comportado admirablemente bien teniendo en cuenta las circunstancias. Lo curioso del caso es que también el gasto ha crecido y además en mayor proporción que los visitantes: un 6’7% más que 2007. En turismo interno las cosas van aún mejor, con crecimientos consistentes todos los meses (hasta marzo).

A pesar de que estos datos nos mueven al optimismo, conviene no pasarse: aún queda por ver qué va a ocurrir de aquí a Septiembre, especialmente con el gasto y la estancia media. Lo más probable –es mi modesta opinión- es una contención del turismo receptivo extranjero y un crecimiento notable del turismo interno (el de los españoles dentro de España). La cosa es bastante lógica: si la crisis aprieta procuraré buscar un destino más cercano, permaneceré probablemente menos tiempo y el gasto en alojamiento y en el destino será inferior.

El turismo –dice Manuel Figuerola- es un bien consumible de lujo relativo. Esto significa que si disminuyen las rentas per cápita (o la renta disponible) o aumentan los precios (cosas ambas que están ocurriendo ahora), estaremos dispuestos a consumir menos turismo: reducción de la estancia, destinos más cercanos y bocata en vez de restaurante. Además, se nos saltarán las lágrimas por no poder comprar un precioso conjunto de Dolce & Gabanna, una caña de pescar de fibra de vidrio o tener que conformarnos con una visita a los tíos del pueblo en vez del crucero por el Egeo que habíamos soñado. Si la crisis aprieta más, llegará un momento en que habremos de quedarnos en casa o, como mucho, hacer una escapadita el puente hasta la playa.

Todo esto significa que la demanda turística es sensible a precios y a renta. Pero ello no significa que todas las capas sociales se comporten de igual modo cuando vienen mal dadas: los más ricos seguirán haciendo viajes y gastando exactamente igual que antes; de hecho el turismo nació con ellos y para ellos y lo perciben como un bien de primera necesidad, del que siempre han disfrutado. Así que para la jet-set la demanda turística es rígida ante la crisis.

Claro que los más pobres también tienen una demanda rígida –inelástica como diría un economista- ante variaciones de precios y renta: tienen tan pocos recursos que el hecho de que varíen los precios o su renta influye poco a la hora de tomar una decisión viajera.

Hay muchas webs que tratan sobre economía, sobre turismo y en ocasiones sobre ambas cosas a la vez. Entre estas últimas conviene no menospreciar eumed.net, en donde pueden encontrarse excelentes trabajos sobre el particular. También la radio nos brinda un programa sobre esta cuestión; es de la UNED: http://www.teleuned.com/ Revista de Economía, Empresa y de Turismo se emite en Radio Nacional de España, Radio3 (FM) de 6,00h-7,00h y en Internet, todas las semanas lectivas.

Para crisis, la del sector inmobiliario: leer esta página de 20 minutos le pone a uno los pelos de punta. Casi dan ganas de quedarse en casa.

lunes 16 de junio de 2008

Malas pulgas.

Cada profesión tiene su asociación y cada actividad empresarial tiene la suya. El turismo no es una excepción y en él las empresas se agrupan según ramas de actividad en infinitud de federaciones, confederaciones, asociaciones o alianzas. En la mayor parte de los casos, existen asociaciones universales que engloban a otras regionales; éstas a las nacionales, que a su vez tienen en su seno a las provinciales; y así hasta el infinito. O sea, como en el poema de Jonathan Swift (1667-1745):

"So nat'ralists observe, a flea
Hath smaller fleas that on him prey,
And these have smaller fleas that bite 'em,
And so proceed ad infinitum."

(Como dicen los naturalistas, una pulga
tiene pulgas más pequeñas que le hacen presa,
y éstas pulgas más pequeñas aún que les muerden,
y así se sigue ad infinitum)

Las asociaciones de empresas turísticas tienen las mismas funciones que las demás: representación de sus asociados y defensa de sus intereses; ser un lobby ante las autoridades; hablar con una única voz ante la administración, los sindicatos o los proveedores; facilitarles servicios (asesoramiento, arbitraje, publicaciones, etc.).

Hacer una lista de todas ellas es tarea que sobrepasa mis limitadas fuerzas. Así que os propongo sólo las asociaciones de empresas españolas que tienen relación con nuestra materia:

En restauración, la asociación más importante es la FEHR (federación Española de Hostelería y Restauración), creada en 1977, que comparte la representación hotelera con la CEHAT, creada en 2004 (Confederación Española de Hoteles y Apartamentos Turísticos). Para los campings y ciudades de vacaciones, existe la FEEC (Federación Española de Empresarios de Campings y Ciudades de vacaciones). También existe otra para el tiempo compartido (ANETC).

Más chungo está el tema para las agencias de viaje. Existe una veintena de asociaciones que las representan (?), aunque las más fuertes parecen ser la Federación Española de Agencias de Viaje (FEAAV), y la Confederación Española de Agencias de Viajes y Turoperadores (CEAVYT), que tiene en su seno, entre otras, a la poderosa AEDAVE (Asociación Empresarial de Agencias de Viaje Españolas). Como se ve, las agencias andan a la greña, por un quítame allá esas pajas. El último intento de unificación (la Cúpula Asociativa de Agencias de Viaje, CAAVE) resultó un sonoro fracaso. En este ámbito empresarial, las asociaciones han perdido gran parte de su influencia ya que el Tribunal de Defensa de la Competencia les dio un fuerte tirón de orejas al considerar que habían negociado conjuntamente tarifas con las compañías aéreas. Es inmejorable el artículo de José Manuel de la Rosa en Hosteltur, cuya lectura recomiendo muy vivamente y en donde os haréis una idea de cómo está de revuelto el patio.

Los transportes –aunque no son propiamente empresas turísticas- tienen también su aquel. Empecemos por el transporte aéreo: aquí encontramos ACA, formada por diez compañías, entre ellas Spanair. Similar parece ser ALA, con otra decena de aerolíneas (Air Europa y Air Nostrum entre ellas). AECA es otra de ellas. Y por último, la más importante es ACETA, de la que forma parte Iberia.

El transporte de viajeros por carretera se encuentra asociado en ASINTRA y así hasta el infinito (“...y más allá”, como diría Buzz Lightyear).
Otro día seguiré, aunque no prometo nada.

jueves 5 de junio de 2008

Arrivederci Roma.



Tuve que parpadear varias veces y pellizcarme otras tantas para asegurarme de que aquello era cierto; que no era fruto de mi desquiciada neurona. Pero los parpadeos y pellizcos no cambiaron la espantosa realidad: sí, aquella menuda figura que discutía acaloradamente con un carabiniere italiano no era otra que Cirila Guáyez.

Al parecer, por lo que pude escuchar escondido tras un coche, el policía trataba de convencerla de que la factura del restaurante que esgrimía la anciana señora no constituía un delito de estafa, sino que eran los precios corrientes de la ciudad eterna.

No pude ni quise seguir cerca del lugar y maldiciendo mi suerte corrí hasta una cafetería bastante alejada.

- Espresso, per favore. Dije utilizando mi proverbial buen acento italiano, producto de media hora de hojeo de un diccionario para turistas.

El camarero no me prestó la menor atención; me sirvió tarde y con desgana. Quince minutos después pedí la cuenta:

- Cinque euros, signore.

- Cinque euros? Ma questo è molto costoso! Che ha rotto qualcosa?

A pesar de mi maravilloso dominio del idioma de Petrarca, el camarero no entendió una sola palabra de lo que dije. Se limitó a coger el billetito y dio media vuelta ignorándome por completo.

Los precios son –como veis- un problema en cualquier destino. No hablaré ahora de estrategias empresariales de fijación de precios y márgenes comerciales, sino de la adecuada relación que deben guardar con el producto o servicio que se vende y su calidad. Buscar el equilibrio entre ambos, debe ser uno de los objetivos de cualquier empresario: si son demasiado altos el viajero no volverá. Ahora que es fácil comparar precios y servicios (uso de internet, empleo de la misma moneda), es cuando existe menos justificación para atracar turistas.

Repito muchas veces en clase, que aquel turista ingenuo que nos pintaban las películas españolas de los sesenta y setenta, al que parecía fácil engañar, está tan extinto como el tyranosaurus rex: no existe. En realidad no tenía un pelo de tonto, sino que era la primera vez que venía a España y aún estafándolo, el precio de aquel “güisqui” seguía siendo mucho más económico que en su país de origen.

Los precios de los servicios turísticos –de todos- son libres. Pero esta libertad a veces se entiende mal: la libertad en materia de precios no debe significar siempre que el empresario tenga derecho a subirlos tanto como desee, sino también el de bajarlos tanto como le permita su estructura de costes. Comprendo a los hosteleros o profesionales del turismo que se quejan amargamente de que el turista actual no come en restaurantes, sino que se sienta en una mesa, pide una cerveza y saca un bocadillo del bolso. No permanece mucho tiempo en el hotel, sino que regresa a casa a los pocos días. Y no compra recuerdos, sólo los mira y pregunta cuánto valen.

Algo estamos haciendo mal con esto de los precios. Desde 2002 hasta 2007 –siempre según el INE- los precios de los restaurantes, cafeterías y similares, subieron algo más de un 20%; es decir, a una media del 4% anual. Los transportes se incrementaron un 22%; y los hoteles y otros alojamientos un 17%. Mientras, la tasa de inflación en el mismo periodo fue de un 14’7%. Total: que el turista lo encuentra todo cada vez más caro y la calidad de los servicios no sube en la misma proporción.

Esto nos hace perder competitividad frente a otros destinos que pueden contener sus precios porque pagan sueldos muy bajos a sus empleados e impuestos muy reducidos a sus gobiernos. La mayoría de esos núcleos receptores aún no tiene la calidad y variedad de servicios que se ofrece en Italia o España, ni mucho menos la misma abundancia de recursos turísticos. Pero se acercan peligrosamente diversificando su oferta y mejorando su calidad, si bien concentrada a veces en complejos o resorts autónomos. Aún nos queda el consuelo de que la competitividad en el sector no sólo se mide en atención a los precios, sino también en infraestructuras, seguridad o medio ambiente. Aunque cueste creerlo, España ha subido diez puestos en este último año, situándose quinta en el ranking. Así se afirma en la página del Foro Económico Mundial.

No regresaré a esa caffetteria italiana, pero prometo volver a Roma: así me lo hizo jurar mi mujer al lanzar una moneda a la Fontana di Trevi. Por cierto, he de investigar si la inflación ha llegado también a la famosa fuente; quizá dentro de unos años haya que arrojar la tarjeta de crédito, aunque Roma bien vale una visa.


martes 27 de mayo de 2008

Busco a Jack.

Los varios millones de seguidores de este blog os habréis dado cuenta de la fijación que tengo con asesinos (Lizzie Borden, Vlad Dracul), gangsters (Bugsy Siegel) y misterios en general (Poirot, Holmes). Pues hoy, para no defraudar a la audiencia, toca hablar de Jack el Destripador (Jack the Ripper), de cuyos monstruosos crímenes se cumplen exactamente ciento veinte años.

Existe una pléyade de investigadores –se llaman a sí mismos "Ripperologists"- que dice haber resuelto la identidad de este sujeto. Unos afirman que se trataba de una persona de la casa real británica (Albert, el Duque de Clarence), un médico afamado (William Whitey Gull), un industrial algodonero (James Maybrick) o incluso un peluquero (John Kosminski). Hasta hay quien asegura que el autor de las salvajadas fue nada menos que Charles Lutdwige (o sea, Lewis Carroll), una mujer o un pintor de renombre. Existen tantas páginas sobre el particular que sólo os animo a escribir el nombre de este individuo en cualquier buscador: el resultado es sorprendente.

Seguramente la lista de sospechosos continuará creciendo indefinidamente mientras Jack siga siendo una atracción turística, como lo son Lizzie Borden o el Conde Drácula. En efecto, en Whitechapel, el barrio londinense en donde se cometieron los crímenes, se puede realizar una ruta en la que se visita la iglesia, varios pubs frecuentados por las prostitutas asesinadas (el Ten Bells y el Princess Alice situados en Comercial Street) o pisar los mismos adoquines que aún perduran en Mitre Square. Todo ello por el módico precio de unos 9 euros que incluye folletos con espantosas fotografías de los crímenes.

Desconozco las estadísticas de frecuentación de tal ruta, aunque supongo que por estas fechas aumentará el número de curiosos que desean ver los lugares en donde Jack destripó a las prostitutas. Pero me interesa que os déis cuenta de cómo a veces se crean productos turísticos: unos espantosos crímenes cometidos en 1888 son el recurso que hay que transformar en producto apto para su consumo. Para ello es preciso diseñar una ruta que comprenda aquellos lugares que fueron frecuentados por el Destripador o sus víctimas, contactar con empresas de lugar (pubs, guías), hacer promoción y elaborar una estrategia de precio.

Es probable que nadie acuda a Londres sólo para revivir aquellas matanzas y casi es seguro que quien llegue por primera vez a la City no tenga entre sus preferencias ver fotos macabras, oir a un guía contar una terrorífica narración o escuchar al dueño de un pub asegurar que en aquel taburete estuvo sentada Mary Ann Nichols, la primera víctima del monstruo.

Pero ya no estoy tan seguro de que, para posteriores visitas, los amantes de Londres no sientan curiosidad por conocer todo aquello. Jack es, pues, un recurso de los que llamamos complementarios, es decir, no son capaces por sí mismos de atraer corrientes turísticas pero sí que complementan a otros más importantes (los básicos), diversificando la oferta.

Me he preguntado alguna vez si aquí podríamos hacer algo similar con el Hombre del Saco, el Tío del Saín o los Mengues. En realidad sólo tenemos que encontrar el lugar en donde estuvieron, hallar alguna foto macabra y darle al marketing. Quizá consigamos que algunos vengan a visitar esos lugares; pero si el resultado final no es atractivo, si lo que ofrecemos es poco más que humo e historias inventadas, lo más probable es que no regresen. Está bien eso de hacer promoción y diseñar productos turísticos, pero no hay que olvidar que la calidad bien entendida empieza por ofrecer productos de esa índole.

Como en el anuncio de la tele –el que explica la foto de esta entrada- buscar a Jack para ofrecerlo como producto sólo tiene sentido si quien lo compra se lo pasa de miedo.