La oreja de Jenkins.
Durante su estancia en el trono, tuvo lugar la denominada guerra de la Oreja de Jenkins, conflicto bélico entre España y Gran Bretaña originado, al parecer, porque un pirata inglés – Robert Jenkins- fue apresado por el capitán español Julio Fandiño, quien le cortó una oreja:
- Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve.
Nuestro Ministro de Industria, Turismo y Comercio, no se dedica a cortar orejas, pero hace unas semanas Miguel Sebastián animó a los españoles a viajar dentro de España antes que hacerlo por otro país. Este tipo de recomendaciones –que tienen cierto tufillo proteccionista- son en cierto modo lógicas en épocas de crisis: si viajamos a los alpes franceses en vez de a Sierra Nevada, resultará que el gasto efectuado en Francia generará allí empleo y riqueza, en vez de hacerlo en suelo patrio.
La cosa no es nueva, y gobiernos de todos los países y de todas las épocas han aconsejado cosas parecidas o adoptado medidas más contundentes para evitar la salida de sus nacionales y del dinero que lleven en sus bolsillos. Así, en la Francia de De Gaulle, se limitó la cantidad de francos que un francés podía sacar por la frontera, con lo que se limitó el turismo emisor. En Gran Bretaña sucedía tres cuartos de lo mismo, ya que la cantidad máxima que se podía sacar por persona (1967) era de 250 libras (foreign currency allowance). En época de Manuel Fraga, el slogan “Conozca usted España”, tuvo un éxito espectacular e incluso creo recordar que dio pie a una miniserie en TVE.
En cuanto a las recomendaciones del Ministro son, como digo, entendibles en la época de crisis económica en la que vivimos, pero convendría hacer alguna puntualización.
La primera es que los españoles viajamos poco al extranjero. En 2008, realizamos unos 11 millones de viajes. Parece mucho, pero si lo comparamos con lo que hacen nuestros vecinos, se queda en una cifra ridícula: Alemania gasta al año más de 73.000 millones de euros sólo en turismo internacional; Gran Bretaña 63.000; Francia 31.000; Italia 23.000… España ocupa el decimosexto lugar en cuanto a gasto con unos 16.000 millones de €. En cambio, el turismo interno español es mucho más numeroso: el año pasado realizamos unos 200 millones de viajes dentro de nuestro país.
¿Porqué ocurre esto? Si nuestra renta per cápita y los principales indicadores económicos españoles son comparables a Italia o Francia y no están ya tan lejos de Alemania o Gran Bretaña, parecería más lógico que los españoles viajásemos al exterior tanto como ellos; y sin embargo lo hacemos en una proporción mucho menor.
Hay razones de todo tipo: culturales, económicas, históricas, climáticas, etc. Para resumir: España es un país grande, con una enorme abundancia de recursos turísticos que no ha tenido una gran tradición viajera desde los años 60 (época del boom turístico mundial), debido a nuestra menor renta. Y por si fuera poco, nuestro clima es estupendo para animar a los guiris a tostarse al sol. Así que hemos preferido León a Lyon y el Mar Menor al Mar Muerto.
La otra puntualización es que esas recomendaciones del Ministro no se pueden exportar, ya que si todos los países de nuestro entorno hicieran igual, nuestro turismo receptor desaparecería. Item más: no parece que en la Unión Europea, patrona del libre comercio y del libre tránsito entre sus estados miembros, sean muy aconsejables este tipo de recomendaciones. Y siendo quisquillosos, ¿qué estarán pensando las agencias de viajes emisoras de nuestro país?. ¿Y las compañías aéreas? Seguramente no estarán bendiciendo el nombre del Ministro.
La guerra de la Oreja de Jenkins fue un fracaso para Gran Bretaña, en especial por la grave derrota sufrida en Cartagena de Indias, pero una sus consecuencias fue que España permitió a los ingleses el “derecho de asiento”, es decir, la posibilidad de vender esclavos negros en la América española. Como se ve, incluso con este innoble comercio, el proteccionismo estuvo limitado hasta en la época del Felipe V.
¡Qué cosas!







